La mañana en que la lluvia reveló al culpable
- Buzo Caperuzo
- 15 nov
- 1 Min. de lectura

Tijuana-. La lluvia, tenue pero constante, había convertido el bulevar 2000 en una cinta oscura donde los autos avanzaban con la incertidumbre de quien pisa suelo mojado. Fue allí, frente al fraccionamiento Altiplano, donde un Nissan Sentra gris perdió la batalla contra la física y sus propios demonios.
El estruendo se escuchó antes de que alguien entendiera lo que ocurría: un golpe seco contra la parte posterior de una Jeep Liberty negra, seguido del derrape que empujó al Sentra fuera de la vialidad, como un proyectil desviado de su rumbo.

Cuando los policías llegaron, encontraron más que un accidente: encontraron a un conductor que apenas podía sostenerse en sí mismo. El olor, los tropiezos, la mirada vidriosa. Ese tipo de señales que no necesitan traducción. La detención fue inmediata. La lluvia seguía cayendo.
En el asfalto quedaron marcados los rastros de los neumáticos, la evidencia silenciosa de que una mañana cualquiera pudo terminar en tragedia. No hubo heridos graves, pero la ciudad entera seguía acumulando incidentes derivados del clima: choques, descontrol, frenadas tardías. Tijuana amaneció bajo agua… y bajo advertencia.









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